El género es una variante de suma importancia en el análisis de la inseguridad ciudadana, la cual no se puede examinar desde una sola perspectiva, en virtud de los factores que la producen corresponden a diferentes situaciones objetivas y subjetivas, materiales y psicológicas.
Para explicar el fenómeno de la inseguridad ciudadana es indispensable la confluencia de interpretaciones que relacionen la posición y situación social y familiar de las personas, con dimensiones sociales, económicas y culturales, relacionados factores contextuales e institucionales del Estado respectivo.
Las secuelas de los conflictos armados internos, la desigualdad social y pobreza, la impunidad prevaleciente, la rearticulación y funcionamiento de mafias que controlan el crimen organizado; así como la violencia inducida políticamente, son factores principales que generan la violencia y la inseguridad ciudadana en Amèrica Central, especialmente en Guatemala y El Salvador.
Las teorías criminológicas tradicionales, desconocen la variable de género como violencia familiar o violencia contra la mujer, la cual se produce entre las relaciones de poder masculino, que ha demostrado “una incidencia en la violencia de la pareja sobre la mujer” .
El problema de la violencia sobre la mujer en las relaciones de pareja, tiene diferentes factores, como: la personalidad de los agresores, el abuso del alcohol y otras drogas, la clase social o situación de exclusión social y valores culturales. Asimismo, se considera factores de riesgo: la estructura atomizada y jerárquica de la familia, la problemática social en los barrios, mayores índices de violencia contra la mujer en las ciudades que en las comunidades rurales y los índices globales de actos violentos.
Para Elena Larrauri; Franz Vanderschueren; Lola Vallés y Cristophe Soullez, en Seguridad de las mujeres, consideran que la criminología sólo enumera los factores de riesgo, pero no específica cual es el “fundamental” o la causa última. Exponen que “toda mujer puede ser víctima”, porque “la violencia doméstica no conoce fronteras”, ni “clases sociales” .
La lucha de las mujeres por una vida sin violencia
En la mayoría de los países del mundo, ha sido el colectivo de mujeres que ha hecho conciencia sobre la necesidad de erradicar la violencia de género para lograr el ejercicio pleno de sus derechos humanos como ciudadanas.
La violencia contra la mujer se define internacionalmente (ONU 1994) como "todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada". La violencia puede ser ejercida por otra persona, un grupo de personas o por el Estado, sea por una acción directa o por omisión, lo cual se convierte en situaciones de discriminación y de exclusión.
Las estadísticas regionales arrojan cada vez más el crecimiento del femicidio y del feminicidio en América Latina. Los casos más relevantes se han producido en México, Ciudad Juárez y en Guatemala . La persistencia, características e incremento de los casos ameritan incorporar la categoría de feminicidio al análisis de la violencia de género.
La violencia contra la mujer cobra cada año su cuota de sangre en todo el mundo. Centroamérica no está exenta de este flagelo, principalmente en sus países más pobres como Honduras, El Salvador y Guatemala, donde hay elevados índices de pobreza y aumenta la acción del crimen organizado, el narcotráfico, las pandillas juveniles y la trata de personas.
Cifras para relexionar
En Honduras fueron asesinadas unas 254 féminas, al 31 de diciembre de 2010; mientras que en Guatemala se reportaron 608, en El Salvador 552, en Nicaragua 69, en Panamá 45 y en Costa Rica 34, según fuentes oficiales.
En esos países, empobrecidos por las políticas neoliberales, las guerras y los desastres de la naturaleza, las precarias condiciones de vida aparecen como el gran detonante de la violencia.
La violencia de la mano con la miseria
La inseguridad en América Central va de la mano con los índices de miseria y sus consecuencias, como el analfabetismo, la carencia de servicios de educación y salud, así como la falta de empleo, entre otros males, consideran expertos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Honduras, con una pobreza que alcanza al 73 por ciento de su población, posee unos 36 mil pandilleros; El Salvador, que presenta una pobreza de 42 por ciento, le sigue con 30 mil; y, Guatemala, con 48 por ciento de pobreza, tiene unos 14 mil mareros, según cálculos de los Institutos Nacionales de Estadística.
Criminalidad e impunidad
La periodista Yeanny González Peña, señala que “la mujer no escapa a la criminalidad causada por la delincuencia, las pandillas juveniles y los escuadrones de la muerte, que continúan actuando en la región pese a las políticas de mano dura” .
Esa situación es más evidente en los últimos seis años, cuando los crímenes contra las mujeres se duplicaron bajo el denominador común de la impunidad, denunció el Consejo de Ministras de la Mujer en Centroamérica (COMMCA).
“Ante esas muertes, seguimos escuchando las mismas respuestas: que se trata de ajustes de cuentas, problemas pasionales, pandillas y narcotráfico. Sin embargo, jamás se ahonda en sus verdaderas causas”, explicó Carolina Sierra, coordinadora de la organización.
En El Salvador en octubre último, durante la presentación del informe sobre el Estado de la Población Mundial 2010, la representante en dicho país del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Elena Zúñiga, pidió al gobierno del presidente Mauricio Funes la definición “urgente” de un plan para combatir la violencia contra las mujeres. Esa preocupación, se refleja en el Segundo informe nacional sobre la situación de la violencia contra las Mujeres, presentado por el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer. Para la directora de dicha institución, la impunidad se convierte en una peligrosa cómplice de esta realidad, porque el 70 por ciento de los femicidios en El Salvador no recibe sentencia condenatoria en los tribunales de justicia.
La Fundación Sobrevivientes de Guatemala, destaca en su informe parcial 2010, que las formas que ha tomado la violencia contra las mujeres en relación a la saña (desmembramiento de cuerpos) con que se cometen los asesinatos y la indiferencia cada vez más notoria de la población ante estos delitos, connota la des-sensibilización o adormecimiento social para no enfrentar o, a su vez evadir la situación, volviéndose cotidiana la observancia de escenas violentas de manera impasible .
Dicho informe, señala que otro aspecto relevante es el desplazamiento de los grupos autores de hechos delictivos, en tema de cobertura territorial, sumado al involucramiento cada vez más numeroso de adolescentes como autores materiales de los sucesos evidencia el control que están adquiriendo estos grupos que funcionan al margen de la ley.
La falta de acciones por parte de las instituciones estatales responsables de brindar seguridad y justicia es más que evidente, luego de la falta de planes claros para reducir este flagelo que afecta a la sociedad centroamericana.